Santa Teresita del Niño Jesús

Santa Teresita del Niño JesúsSanta Teresita del Niño Jesús

Fiesta: El 1 de octubre. A Santa Teresita del Niño
Jesús también se la conoce como Santa Teresita de
Lisieux. Generaciones de católicos han adorado a esta
joven santa, la han llamado "Florecita" y han
encontrado en su corta vida más inspiración para sus
propias vidas que en los volúmenes escritos por los
teólogos. Santa Teresita  murió cuando tenía 24 años,
después de haber vivido como Carmelita enclaustrada
por menos de diez. Ella nunca salió a las misiones,
nunca fundó una orden religiosa ni jamás realizó
grandes obras. Su único libro, publicado después de su
muerte, fue una pequeña versión revisada de su diario
llamada "Historia de una Alma“. (Recientemente se ha
publicado una colección de sus cartas y las versiones
restauradas de sus diarios.) Pero a los 28 años de su
muerte, la demanda pública era tan grande que fue
canonizada. Al pasar los años, algunos católicos
modernos se han alejado de ella porque la asocian con
una piedad exageradamente sentimental pero aun así, el
mensaje que tiene para nosotros es tan conmovedor y
sencillo como lo era hace casi un siglo. Santa
Teresita nació en Francia en 1873, fue la hija mimada
de una madre que habría querido ser santa y un padre
que hubiera querido ser monje. ¡Aunque se habían
casado  determinaron que serían célibes, hasta que un
sacerdote les dijo esa no era la idea que Dios
pretendía para el matrimonio! Deben de haberse apegado
muy bien a su consejo porque tuvieron nueve hijos. De
todos ellos sólo sobrevivieron cinco niñas que fueron
muy apegadas entre ellas toda su vida. La tragedia y
la pérdida llegaron pronto para Santa Teresita pues su
madre murió de cáncer de mama cuando apenas contaba
con cuatro años y medio de edad. Su  hermana Pauline
de dieciséis años se convirtió en su segunda madre--lo
que hizo peor su segunda pérdida cuando, después cinco
años, Pauline entró al convento Carmelita . Unos meses
más tarde, Santa Teresita se puso tan enferma de una
fiebre que pensaron que moriría. Lo peor fue que las
personas que estaban sentadas alrededor de su cama y
la  miraban  fijamente parecían, según dijo ella, "un
cordón de cebollas." Cuando la Santa vio que sus
hermanas oraban ante la imagen de la  Virgen en su
habitación, ella también rezó. Vio que la Virgen le
sonreía  y sanó súbitamente. Ella intentó guardar en
secreto la gracia de su cura pero la gente lo supo y
la importunaba con preguntas sobre el atuendo de la
Virgen y su apariencia. Cuando se negó a ceder ante su
curiosidad,  empezaron a decir que había inventado
toda la historia. Sin darse cuenta, cuando tenía once
años  había desarrollado el hábito de la oración en
silencio. Ella encontraría un lugar entre su cama y la
pared y en esa soledad meditaba sobre Dios, la vida y
la eternidad. Cuando sus otras hermanas, Marie y
Leonie dejaron la casa para ingresar a sendas órdenes
religiosas (las Carmelitas y las Clarisas pobres,
respectivamente), Santa Teresita se quedó sola con
Céline, la última de sus hermanas, y con su padre.
Santa Teresita nos relata que quería ser buena pero
que tenía una manera peculiar de serlo. Esto echó a
perder a la pequeña Reina de su padre que no hacía
quehaceres domésticos. ¡Ella pensaba que si hiciera
las camas estaría haciendo un gran favor! Cada vez
Santa Teresita imaginaba que alguien la criticaba o no
la apreciaba, estallaba en lágrimas. ¡Después lloraba
porque había llorado! Cualquiera de los muros que
construía en su interior para contener sus emociones
incontroladas se derrumba a la más leve crítica. Santa
Teresita quiso entrar en el convento Carmelita para
reunirse con Pauline y Marie pero ¿Cómo  podría
convencer otros de que podría soportar  los rigores de
la vida Carmelita si no podía controlar sus propios
arranques emocionales? Ella rogaba a Nuestro Señor
Jesucristo que la ayudara pero no había señal alguna
de respuesta. En la Navidad de 1886, la joven, de
catorce años, salió apuradamente de la iglesia hacia
su casa. En Francia, los niños dejan sus zapatos junto
a la chimenea en Navidad y sus padres los llenan de
regalos. A  los catorce años, la mayoría de los niños
ya han rebasado esta costumbre, pero su hermana Céline
no quería que Teresita creciera, así que siguieron
dejando regalos en los zapatos de su “bebé” Teresita.
Cuando ella y Céline subieron las escaleras para
quitarse sus sombreros, se escuchó la voz de su padre
desde el salón de abajo que suspiró de pie frente a
los zapatos: "¡Que bueno que es la última vez que
tendremos estas cosas!" Santa Teresita se heló y su
hermana la miró desolada. Céline sabía que en unos
instantes Teresita estaría bañada en lágrimas por lo
que su padre había dicho, pero ya no hizo rabieta.
Algo increíble había pasado a Santa Teresita. Jesús
había entrado en su corazón e hizo lo que ella no
había podido hacer. Él la había vuelto más sensible a
los sentimientos de su padre que a los suyos propios.
Se tragó sus lágrimas, se encaminó despacio hacia la
escalera y se mostró muy contenta por los regalos en
los zapatos, como si no hubiese oído una palabra de lo
que su padre dijo. El año siguiente ingresó al
convento. En su autobiografía  se refirió a esta
Navidad como su "conversión." Santa Teresita es
conocida como la  Pequeña Flor aunque tenía una
voluntad de acero. Cuando la superiora del convento
Carmelita se negó a aceptar  a  Teresita por ser tan
joven, la adolescente, antes tan tímida, se dirigió al
obispo. Cuando el obispo también dijo no,  decidió
pasar también sobre su cabeza. En un  intento de
hacerla cambiar esa loca idea, su padre y su hermana
la llevaron a Roma en una peregrinación que le encantó
a Teresita. ¡En esa ocasión el ser pequeña sirvió para
su beneficio! Por ser joven y pequeña  podía correr
por todas partes, tocar reliquias y tumbas sin que la
reprendieran. Por último, asistieron a una audiencia
pública del Papa. Les habían prohibido  hablar al
Santo Padre pero eso no detuvo a Teresita. En cuanto
estuvo cerca, le rogó que le permitiera entrar en el
convento Carmelita. ¡Tuvo que ser retirada por dos
guardias! Pero el Vicario General que observó su valor
se sintió impresionado y pronto Santa Teresita fue
admitida en el convento Carmelita al que sus hermanas
Pauline y Marie ya habían ingresado. Sus románticas
ideas sobre la vida y el sufrimiento conventuales
pronto se enfrentaron con la realidad de un  modo que
ella nunca hubiera esperado. Su padre sufrió una serie
de embolias que lo dejaron afectado no sólo física
sino mentalmente. Cuando empezó a sufrir alucinaciones
y tomó un arma como que si estuviera en batalla,  se
lo llevaron a un asilo para dementes. Horrorizada,
Santa Teresita se enteró de la humillación de su
adorado y admirado padre y de las murmuraciones y
lástima de los que se decían sus amigos pero como
monja enclaustrada ni siquiera podía visitar a su
padre. Con esto empezaron tiempos terribles de
sufrimiento en los cuales experimentó tal amargura en
sus emociones que  declaró "Nuestro Señor no está
haciendo mucho para hacer que mi conversión continúe."
Estaba tan apesadumbrada que a menudo se quedaba
dormida mientras  oraba. Se consolaba diciendo que las
madres aman a los niños cuando se quedan dormidos en
sus brazos, por lo que Dios debía amarla cuando se
quedaba dormida durante la oración. Sabía que como
monja Carmelita nunca podría lograr grandes hazañas.
"El amor se demuestra con los hechos, ¿cómo podré
demostrar mi amor?  Las grandes obras me están
prohibidas. La única manera en la que puedo demostrar
mi amor es esparciendo flores y estas flores son cada
pequeño sacrificio, cada mirada y cada palabra y en
hacer hasta las menores acciones por amor." Aprovechó
toda ocasión, sin importar cuán pequeña pudiera
parecer, para sacrificarse. Sonreía a las religiosas
que no le simpatizaban. Comía lo que le daban sin
quejarse --por lo que a menudo le servían las peores
sobras. Una vez fue  acusada de romper un jarrón
cuando no era su culpa y en lugar de defenderse cayó
de rodillas y pidió perdón. Estos pequeños sacrificios
le costaban más que los grandes, porque éstos últimos
eran reconocidos por los demás. Nadie le dijo cuán
maravillosa era por estas pequeñas humillaciones
secretas y estas buenas obras. Cuando Pauline fue
elegida priora,  le pidió a Santa Teresita el mayor de
los sacrificios. Debido a las intrigas en el convento,
muchas de las monjas temieron que la familia Martin se
apoderara del convento. Por lo consiguiente,  Pauline
pidió a Teresita que siguiera siendo  novicia para
aliviar los temores de que las tres hermanas harían a
un lado a todas las demás. Esto significaba que nunca
profesaría como religiosa y que siempre tendría que
pedir el permiso para todo lo que hiciera. Este
sacrificio fue un poco menos duro cuando Céline entró
al convento después de la muerte de su padre. Cuatro
de las hermanas estaban ahora juntas de nuevo. Santa
Teresita continuó preocupada por la forma en la que
podría lograr la santidad en la vida que llevaba. No
quería ser simplemente buena, ella quería ser santa.
Pensó que debía de existir alguna manera para que las
personas que viven ocultas, llevando vidas pequeñas
como la suya pudieran lograrlo." Yo siempre he querido
convertirme en santa. Desgraciadamente, cuando  me
comparo con los Santos, siempre encuentro la misma
diferencia entre ellos y yo como la que existe entre
una montaña cuya cúspide está perdida entre las nubes
y un humilde grano de arena bajo las pisadas de los
transeuntes. En lugar de descorazonarme, me digo a mi
misma que Dios no me permitiría desear algo imposible,
por lo que, a pesar de mi pequeñez, puedo apuntar a
ser una santa. Es imposible para mí crecer más, por lo
que yo me acepto  como soy, con todas mis innumerables
faltas. Pero buscaré los medios de ir al cielo, un
camino que sea muy corto y muy directo, un caminito
que sea bastante nuevo. "Vivimos en una era de
invenciones. Ya no necesitamos subir trabajosamente
las escaleras; en las casas de la gente bien hay
ascensores. Y estoy determinada a encontrar un
ascensor que me lleve a Jesús, porque soy  demasiado
pequeña para subir la empinada escalera de la
perfección. Así que he buscado en las Santas
Escrituras alguna idea de lo que yo quisiera que fuera
esta vida y leí estas palabras: "Quienquiera que sea
pequeño, venga hacia mí." Tus brazos, Jesús, son el
ascensor que me llevará al cielo. Y no hay necesidad
de que yo crezca: Debo quedarme pequeña y debo hacerme
cada vez más pequeña." Estaba preocupada por su
vocación: " Yo siento en mí la vocación del Sacerdote.
Tengo la vocación del Apóstol. El martirio era el
sueño de mi juventud y este sueño ha crecido conmigo.
Considerado el cuerpo místico de la Iglesia, yo
deseaba verme en todos ellos. La caridad me dio la
llave de mi vocación. Entendí que la Iglesia tenía un
Corazón y que este Corazón estaba ardiendo de amor.
Entendí que el Amor comprendía todas las vocaciones,
que el Amor lo era todo, que abrazaba todos los
tiempos y los lugares ...en una palabra, que era
eterno! Entonces en el exceso de mi alegría delirante,
yo clamé: ¡O Jesús, mi amor ...mi vocación, por fin la
he encontrado... mi vocación es el Amor!" Cuando una
antagonista fue elegida priora, nuevas sospechas,
políticas e intrigas aparecieron. La preocupación por
las hermanas Martin quizá no era exagerada. En este
convento pequeño ellas integraban ahora un quinto de
la población. A pesar de esto y del hecho que Santa
Teresita era una novicia permanente, la pusieron a
cargo de las otras novicias. Entonces en 1896,  tosió
a sangre. Siguió trabajando sin decirlo a nadie hasta
que cayó tan enferma que todas se dieron cuenta. Lo
peor fue que perdió su alegría y su confianza y
sentía que moriría joven sin dejar nada. Pauline ya la
había hecho escribir sus memorias en un diario y ahora
quería que continuara--para tener algo que propalar
sobre su vida después que hubiese muerto. Su dolor era
tan grande que decía que si no tuviera la fe se habría
quitado la vida sin vacilación. Pero intentó seguir
sonriendo y alegre--y lo hizo con tanto éxito que
algunos pensaron que sólo  fingía estar enferma. Su
único sueño era el trabajo que haría después de su
muerte,  ayudando a los que quedaban en la tierra.
"Volveré," dijo. "Mi cielo se empleará en la tierra."
Murió el 30 de septiembre de 1897 a la edad de 24
años. Ella pensó que era una bendición que Dios  le
permitiera morir exactamente a esa edad. Ella siempre
sintió que tenía vocación para ser sacerdote y sentía
que, para no hacerla sufrir,  Dios le permitía morir a
la edad en la que se habría ordenado si hubiera sido
un hombre. Después de su muerte, todo en el convento
volvió a la normalidad. Una monja comentó que no había
nada que decir sobre Santa Teresita. Pero Pauline
reunió todos sus escritos (los que, por desgracia,
corrigió demasiado) y envió 2000 copias a otros
conventos. Pero el "caminito" de Santa Teresita de
confiar en que Jesús la haría santa y su confianza en
los pequeños sacrificios diarios en lugar de las
grandes obras, atrajeron a miles de católicos y a
otros que  intentaban encontrar la santidad en sus
ordinarias vidas. A los dos años, la familia Martin
tuvo que mudarse debido a su gran notoriedad y en 1925
ya la habían canonizado. Santa Teresita del Niño Jesús
es uno de los santos patrones de las misiones, no
porque ella alguna vez hubiera ido a ninguna parte,
sino debido a su amor especial por las misiones y por
las oraciones y cartas que hizo en favor de los
misioneros. Que esto sirva para recordarnos a todos
los que sentimos que no hay nada que podamos hacer,
que son las cosas pequeñas las que hacen que el reino
de Dios siga creciendo.

Con agradecimiento al Catholic Online.