San Nicolás

San Nicolás ayuda a las tres muchachas

Fiesta: El 6 de diciembre. San Nicolás siempre ha sido
uno de los santos más populares, es conmemorado tanto
en las Iglesias Orientales como en las Occidentales,
pero hoy en día se le asocia tradicionalmente con la
Navidad. San Nicolás es el santo patrón de los
escolares y de los panaderos y tradicionalmente, de
los prestamistas. Se informan muchos milagros en los
sermones por San Juan Crisóstomo y San Buenaventura.
Nació en el antiguo puerto de Patara en Licia y,
cuando joven, viajó a Palestina y Egipto. Al poco
tiempo de volver a Licia se le nombra obispo de Mira.
Es encarcelado durante la persecución de cristianos
del emperador romano Diocleciano, es liberado bajo el
imperio de Constantino el Grande y asistió al primer
Concilio de Nicea. Ya en el siglo VI su santuario en
Mira era muy conocido, pero marineros o comerciantes
italianos llevaron su cuerpo a Bari, Italia; este
traslado se conmemora el 9 de mayo, lo que contribuyó
grandemente a aumentar su popularidad y Bari se
convirtió en uno de los centros de peregrinación más
visitado. Sus reliquias se conservan en la Basílica
del siglo XI de San Nicolás en Bari. El relato más
antiguo se ha tomado de un texto griego que puede ser
del siglo VI y es el  famoso milagro de los tres
funcionarios condenados a muerte que fueron salvados
porque San Nicolás se apareció en sueños a
Constantino. Se cree que el Abad Nicolás de Sión,
cerca de Mira, escribió su biografía en el siglo VI en
la que nos informa de numerosos milagros, de los
cuales el mejor conocido es el de los niños salvados
de la tragedia. La historia del milagro de los niños
en la tinaja de salmuera nos la cuenta  San
Buenaventura: San Nicolás iba en su viaje al Concilio
de Nicea y entró en una posada cuyo dueño había matado
a dos muchachos para quitarles sus míseras
pertenencias. No satisfecho con eso, el posadero puso
a los muchachos en sal e iba a venderlos. San Nicolás
devolvió la vida a los niños y convirtió al posadero.
Otra historia de la bondad de San Nicolás, y  parte
importante de la tradición de los regalos de Navidad,
viene de la historia de tres hijas de edad de casarse
y su padre. La familia era muy pobre y el padre no
tenía ninguna dote para casarlas por lo que iba a
echarlas de la casa. San Nicolás oyó hablar de esto,
tomó una bolsa llena de monedas de oro y por la noche
la tiró en la ventana del padre. Después de unos días
la hija mayor se casó. En breve, San Nicolás volvió
con otra bolsa, la tiró en la ventana del padre y
pronto la segunda hija estaba casada. Volvió de nuevo
con una tercera bolsa pero el padre estaba esperando,
lo reconoció, cayó a sus pies y lloró de penitencia y
gratitud. La devoción a San Nicolás se extendió a
todas las partes del mundo; su nombre se ha dado a
lugares en muchos países; numerosos apellidos de
personas se derivan de su nombre. Ha sido elegido como
santo patrón de paises como Grecia y Rusia, de
fraternidades caritativas y gremios, de niños y de
marineros (a quienes salvó en las costas de Licia
según reza la tradición) y de ciudades tales como
Friburgo en Suiza y Moscú. Miles de iglesias europeas
están dedicadas a Él; ya en el siglo VI el emperador
romano Justiniano I construyó una en Constantinopla,
ciudad cuyo nombre ahora es Estambul. Sus milagros
eran un tema favorito para  artistas medievales y
obras litúrgicas y su fiesta tradicional era la
ocasión para las ceremonias del Obispo Niño, una
costumbre europea muy extendida en la que un muchacho
era elegido obispo y reinaba hasta el Día de los
Santos Inocentes (el 28 de diciembre). La
transformación de San Nicolás en Papá Noel o Padre
Enero ocurrió primero en Alemania,  después en los
países en dónde la mayoría de la población pertenecía
a las Iglesias Reformadas y finalmente en Francia, en
dónde su fiesta se celebra en Navidad o en Año Nuevo.
Los colonos holandeses protestantes de Nueva Amsterdam
(hoy Nueva York) reemplazaron a San Nicolás (Sinter
Claes) con el viejecito benévolo que llegó a ser
conocido como Santa Claus, contribuyendo así a
extender aún más su leyenda.

Con agradecimiento al Catholic Online.